Los políticos se endiosan con facilidad

Coincidí hace unos días con un político de mi pueblo en una tasquita de la zona. Como siempre en estos casos, por deformación profesional, el asunto fue derivando hacia los temas de la gestión municipal y de la política en general. Yo vivo en un pueblito de 15000 habitantes, pero los problemas son similares en todos lados. Bien, como decía tras un largo intercambio le expresé mi opinión sobre varios temas de actualidad municipal. El hombre demudó pues esperaba que yo fuera amable con él (supongo) y que no le expusiera con cruda argumentación mi visión de la realidad. El hombre musitó varias amables excusas, pagó su ronda y me dejó allí con la palabra en la boca. Y es aquí donde, amable lector, expreso mi preocupación por el insoportable e inevitable (parece) endiosamiento de los políticos. De verdad que yo no pretendía que el hombre se sintiera mal con la incompetencia manifiesta en resolver las cuestiones de lo público. De verdad que mis comentarios (como intento siempre) eran razonados y aplomados en la lógica. De verdad que no hubo en mi perorata descalificaciones gratuitas y que también me dejé caer con diferentes elogios hacia otras ramas de la gestión. Pero el hombre no lo soportó mucho rato.
He de decir en mi descargo que he hablado en otras ocasiones (otrosí no gobernaba) con este personaje y el debate se prolongó con el apasionamiento que invoca la dialéctica, no demudó ni torció el gesto con mi argumentación. Y esto, amables lectores, me lleva al fondo de la cuestión. Es indudable que la gestión política tiene una complejidad innata, intrínseca; producto de los difíciles equilibrios de los contrapesos democráticos. Pero también es innegable que cuando personas aparentemente normales y razonables llegan a la política pierden el norte del sentido común y dejan de tener sus pies en el suelo. Las personas que les rodean en su intimidad de despachos enmoquetados les dicen lo guapos que son, lo bien que lo hacen, lo magestuosamente que caminan y lo maravillosamente que gestionan. Y pierden el contacto con la opinión pública y sus problemas.
Yo he visto cómo al hacer las fotocopias para los dossieres de prensa, el trabajador al cargo "se olvida" de fotocopiar aquella columna que va a poner de mal humor gratuitamente al jefe político (que a esas alturas ya conocen el andar de la perrita los subordinados). Y en virtud de esta técnica consiguen tener la mañana en paz con el déspota en que se ha convertido el otrora libertófilo demócrata. Yo he visto cómo vociferan políticos varios con las declaraciones en radio de tal o cual vecino por decir verdades como puños, porque molesta ese leve contacto con la realidad. Yo he visto, en fin, cómo los políticos enfocan sus demócratas globos oculares en el ombligo y pierden el contacto con toda realidad que no sea la que les filtran los personales de confianza de turno (comprensible actitud la de los confianzudos porque dependen del buen humor de estos señores para comer).
Estimados políticos, es obligación de los medios de comunicación servir de voceros de los ciudadanos. Si algo está mal, se dice. Si sigue mal, se repite. Y si no se resuelve, se señala al responsable. Y lo inteligente es no matar al mensajero y buscar soluciones. Y si las soluciones no están en la mano de uno, girar la mano y señalar al que posee la solución.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
La autocensira como instrumento evitacabreos. Un clásico para no herir elego de la clase política.

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