La escuela se queda atrás o de cómo las nuevas tecnologías no son populares entre los maestros

Hablaba hace unos días con un profesor de enseñanza secundaria sobre la tecnología en la educación. Yo planteaba que cómo era posible que en pleno siglo XXI siguieran trabajando con libros de editoriales carísimos que en su conjunto sirven para destrozar la espalda a escolares que se ven obligados a llevarlos en la mochila cada día (del orden de 15 kilos de peso). La calidad de estos libros es ínfima y depende de las directrices del nacionalista de turno (interno a la editorial o de la consejería de educación del gobierno autónomo de la zona). Él me explicaba que es una utopía introducir los ordenadores en las aulas y que está lejos de conseguirse. Los motivos son diversos:
1. Los profesores no saben informática y no tienen en su mayoría intención de reciclarse (si Pitágoras levantara la cabeza, ¡ufff!.).

2. Los ordenadores son demasiado caros y no son prácticos para la lectura.
3. No existen contenidos adecuados para dar clase en muchas de las materias.
4. El factor novedad que hace que los niños inicialmente se muestren más interesados en clase se pierde pronto.
Mi profesión está más relacionada con el diseño que con la informática, pero voy a tratar de rebatir las aseveraciones de este amigo con mi visión (a lo mejor utópica pero factible) de lo que sería una clase en un colegio totalmente informatizado.
En primer lugar decir que con proyectos de enseñanza electrónica como Moodle, ya no es necesario saber informática, sólo es necesario saber navegar por Internet. Internet como sistema de referencia para estudiantes es un poco caótico pero no así el Proyecto Wikipedia que es una enciclopedia online madura y en muchos artículos bastante mejor que la Enciclopedia Británica o la Encarta de Microsoft.

Los ejercicios que un profesor escribiera pasaría inmediatamente a estar disponibles para la asignatura y serían utilizables por otros maestros en otras localizaciones geográficas instantáneamente (una vez más gracias a Moodle). Los apuntes de las asignaturas estarían asimismo disponibles de esta manera y serían corregidos y actualizados continuamente. La centralización de contenidos haría que los profesores se centraran más en enseñar que en preparar apuntes, exámenes o ejercicios. Nuevamente les aseguro que el software del que estoy hablando, Moodle, es capaz de esto y de mucho más.  Lo sorprendente de todo esto es lo reacios que son los profesores a compartir su trabajo con el resto de la comunidad. Hay mucho progre en esa profesión pero su progresismo no les da para comprender que el trabajo que hacen se lo pagamos entre todos (sí incluso a los de la privada) y que deberían ponerlo a disposición de todos. Deberían pensar que aunque hay mucho laja (en mi tierra decir laja es como decir carota) que se aprovecharía de este tipo de trabajo, también los alumnos de los lajas se beneficiarían de este modelo de trabajo. Los paises del tercer mundo hispanohablantes también se beneficarían. Otro día les hablo acerca de la pregunta que se deben estar haciendo ¿cómo conseguir que cada niño escolarizado tenga un ordenador? Porque también hay respuesta para eso.

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